HUMANIDAD SIN CONCIENCIA

HUMANIDAD SIN CONCIENCIA

03 mayo, 2010

.::PARA COMBATIR A LOS JEFES MAFIOSOS LA EDAD NO CUENTA::.


Activista a los 14 años: Éste es Giuseppe Di Fini, fundador de la Asociación “Antimafia juvenil”.
Por Nando Dalla Chiesa

Su escolta es su mamá. En la historia de los líderes de los movimientos y de los grupos antimafia es una absoluta anomalía. Algo fuera de la imaginación. Y sin embargo es realmente así. Llega a los congresos, a menudo recibido por aplausos de admiración, con ella a su lado; y está disciplinadamente sentado junto a ella, al amparo de grandísimas gafas, hasta que no le piden que tome la palabra. Viaja con ella hasta las ciudades donde el movimiento ha obtenido sus frutos. Ya lo saben: que si lo llaman, deben invitar también a su madre. Porque no viaja sin ella. No puede viajar.

Tranquilos, ningún muñeco – ni infiltrado en los movimientos contra las bandas mafiosas. Lo único que pasa es que él, Giuseppe Di Fini, tiene apenas 14 años y es probablemente el exponente de movimientos civiles más joven que haya aparecido en la escena nacional, al menos en la memoria común y reciente.
Florecido en ese jardín demasiado desconocido, en el país, que son las escuelas sicilianas, colmadas de tenaces maestros que dedican años, mejor dicho, décadas de vida en la educación de niños y jóvenes en otra idea de legalidad.
Dándoles buenos principios y haciéndolos encontrarse con testigos de la lucha contra la mafia, con jueces y sacerdotes, con periodistas, o con familiares de las víctimas. Giuseppe se ha formado en ese crisol, en la escuela media “Giovanni Verga” de Centuripe, provincia de Enna, a más de setecientos metros de altura del mar.
Incluso allí, en un pueblito de poco más de seis mil habitantes, había una maestra de éstas, Rossella Curella, profesora de Letras. Que se encontró a este niño como alumno, lleno de intereses y con una familia de firme cultura civil sobre los hombros, el padre con un imp
ortante cargo en una empresa privada, la mamá, Sandra, una animadora socio-cultural. Era octubre de hace tres años, cuando Giuseppe, conquistado por las lecturas y los discursos, y después de haber mirado un poco a su alrededor, decidió que era hora de comprometerse en la misma batalla de Paolo Borsellino y de Peppino Impastato.
Así involucró a algunos de sus compañeros de la escuela, a Mario, a Giovanni y a algunos otros dándole vida a un grupo “Antimafia juvenil”. Para hablar de clan y

de corrupción para expandir la leyenda de los héroes sin manchas y sin miedo de la antimafia. Al principio mucho entusiasmo, la ayuda y el estímulo de la profesora. Pero que al año siguiente se jubiló. Y como las personas “hacen” las instituciones, Giuseppe inmediatamente se enfrentó con la indiferencia de sus compañeros. Ya nadie más lo ayudó. Pero no por esto perdió el ánimo. Es más, fundó un boletín, “La Gaceta de los no boss”, dos números llenos de reflexiones y de exhortaciones a moverse para cambiar el mundo, para conmover a los coetáneos que tienen la mente empapada de futbolistas y de actrices televisivas. Escribió artículos. Se puso en contacto con el mundo de los adultos, pidiendo ayuda y apoyo. Y ellos se preguntaban incrédulos si quizás fuese una broma, o, en el mejor de los casos quien era ese niño que parecía dominar el tema como ni siquiera por asomo lo logra el ciudadano medio.
Luego, cuando los adultos lo conocían se entusiasmaban. Como si viesen en él una posible y confortadora anticipación de las generaciones venideras. A veces, después de haber pasado 5 minutos escuchándolo, se daban codazos en secreto, susurrándose preocupantes hipótesis sobre la naturaleza del jovencito (es demasiado mayor, habla como un adulto, no es posible, no es natural). Salvo retractarse y enternecerse al verle una sonrisa tímida y cohibida en los labios, al momento del aplauso final. O sea, cuando comienza el rol de Sandra, la madre: recordar a todos con su presencia que es de verdad es un jovencito. Un neo-adolescente que pone placas dedicadas a los caídos del Estado y de la Sociedad Civil, para que los lugares no olviden; y que con su timidez se ha conquistado el afecto de muchas personas famosas, hasta el punto que últimamente ha sido recibido por el Presidente de la República con una delegación de estudiantes.
“Ahora va mejor”, dice, “ya no estudio en mi pueblo, voy a Paternò, en la provincia de Catania, a veinte minutos de autobús. Curso el secundario en el 'Mario Rapisardi' y hay menos indiferencia hacia mi actividad. Hay mas apretones de mano, hay más calidez y me parece que más colaboración. Espero poder recomenzar con ‘La Gaceta de los no boss’ y mientras estoy trabajando para hacer mi página Web www.giuseppedifini.com así yo también podré hacer saber lo que pienso, lo que piensa un estudiante siciliano de 14 años”.
¿A este respecto, qué piensas de lo que está sucediendo en éstos días?
“Estoy disgustado. Me molesta que algunos digan que éste es el gobierno más activo contra la mafia y luego cambie la ley sobre la confiscación de los bienes, haciéndole un gran favor enorme precisamente a la mafia. No me gustan las dos caras. Y no me gusta oír decir que ese hecho es una coincidencia y que aquel otro también y que aquél episodio es un caso aislado. Demasiadas coincidencias, demasiados casos alrededor o dentro de la vida de las mismas personas. Al final es una certeza. Y en todo caso no se puede tirar al aire sin mas lo que dice un arrepentido de mafia”.
¿Giuseppe eres pesimista?
“Se ven cosas escalofriantes. Pero yo soy siempre optimista. Falcone decía (Giuseppe cita siempre esta frase, ndr.), que la mafia, como todas las cosas en la historia del mundo, ha tenido un comienzo y tendrá un final. Ella también terminará”.
Giuseppe lee mucho. Sobre su mesa de luz en este momento tiene “La belleza y el infierno” de Saviano. Pero también escribe y no solo artículos. Últimamente ha escrito “Nacido en Sicilia”. Una breve e intensa reflexión sobre la mentalidad preponderante en su tierra. Un vuelo panorámico sobre la cultura isleña, desde Verga a los negocios que venden como suvenires simpáticos las camisetas del Padrino.
“No para desmoralizar”, ha explicado a sus amigos, sino “para sensibilizar”. Lo ha dedicado a “Aquellos que tienen la fuerza y la esperanza de combatir. A aquellos que no se resignan de frente a los “pero para que te metes en esto”. A Paolo, Giovanni, Peppino, Don Pino, Carlo Alberto, Rosario, Don Pepe, Pippo, Mauro y los demás. Por la vida, la libertad, la justicia, por Italia”. Una especie de programa civil. Un programa que a este punto divide al país. Por esta parte los 14 años de Giuseppe, empapados de esperanza, por esa el rostro oscuro y sin edad de Augusto Minzolini (periodista italiano, director del TG1 Rai). Por esta parte el lenguaje educado y cortés de quien sin embargo aún debe dar cuentas a su mamá, por esa parte el hablar sin sentido exhibido en el noticiero por quien aún debe dar cuentas a su padrino.

“IL FATTO QUOTIDIANO” 13 DICIEMBRE DE 2009

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